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La dureza de emprender en Jerusalén |
“El Este de Jerusalén es como una ciudad con muchos problemas”, dice
Nabil Amad. “Vivimos en los límites de un estado moderno, mientras que
la puerta de al lado está tecnológicamente avanzada, nuestra área está
muy subdesarrollada, desde las infraestructuras hasta las personas”.
Amad,
de 40 años, creó Al Quds Network (Al Quds significa Jerusalén en
árabe), un proveedor de servicios de Internet, cuando regresó al Este
de la ciudad en 1999 desde la Universidad de Oakland en Michigan, donde
estudió ingeniería Informática.
“Revendemos conectividad”, dice.
Sirve al mercado árabe de Jerusalén Este, y tras ofrecer servicios de
telecomunicaciones e Internet así como redes privadas virtuales y
hospedaje de webs a clientes domésticos, planea ampliar el negocio a
servicios para medios de comunicación –publicidad en web y contenidos
para móviles-.
Pero no le faltan obstáculos. Amad quiere conseguir los servicios de
las compañías israelíes de telecomunicaciones, lo que garantiza un
servicio de 24 horas, pero no podrá enviar técnicos a la zona sin
seguridad. También tuvo que crear sistemas de facturación en efectivo
para muchos de sus clientes que no tienen tarjetas de crédito.
Su
primer obstáculo es la financiación. Israel tiene una industria de
capital riesgo bien desarrollada y una oficina de subvenciones pero los
emprendedores de Jerusalén Este, pero apenas se benefician de ninguna
de las dos cosas. “No tenemos acceso a la financiación de los bancos
israelíes”, dice Amad. Comenzó la empresa con 100.000 dólares en
créditos de bancos de Cisjordania con garantías de donantes sin ánimo
de lucro.
Amad obtuvo una licencia ISP del ministerio israelí de
Comunicaciones y firmó un acuerdo con la compañía de telecomunicaciones
Bezeq. Al Quds Networks recibe su infraestructura básica de Bezeq pero
tiene su propio centro de datos para proporcionar routers, cortafuegos
y otros servicios.
Encontrar una oficina en Jerusalén Este es
difícil ya que Israel apenas permite construir. Las modernas oficinas
donde trabaja Amad podrían estar en cualquier otro lugar de la ciudad,
en contraste con el desasosiego que reina en la calle. Amad tiene ahora
quince empleados. Es un gran defensor de la igualdad de sexos y de
religión. La contratación de palestinos cristianos le permite ofrecer
también sus servicios cuando los viernes los musulmanes se dedican a la
oración.
La facturación casi roza el millón de dólares, gracias
a la constante innovación y buen servicio. “La tecnología ha bajado los
precios casi en un 80 por ciento durante los últimos cinco años por lo
que tenemos que seguir inventando nuevos productos y servicios”.
Con
quince empleados, de sus 2.000 clientes, el 90 por ciento son del país
mientras que el resto son casi todos pequeños: empresas medianas y
ONGs. Perdió algunos clientes en los barrios palestinos que quedaron al
otro lado del muro construido por Israel en la franja de Cisjordania.
Amad ha recibido varias ofertas de compra de compañías israelíes pero
hasta por ahora prefiere seguir siendo independiente. Le gustaría
crecer fuera de la zona, en el mercado de Cisjordania, pero tendría que
crear una unidad por separado.
Fuente: www.expansionyempleo.com
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