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Se han cumplido 50 años de la puesta en órbita del SPUTNIK I por parte de la Ex Unión Soviética y con este hecho, el nacimiento de la economía aeroespacial.
La economía aeroespacial es la conjugación de esfuerzos de agentes públicos y privados que han producido grandes satisfactores para un mejor y cómodo desarrollo de la vida cotidiana.
La proporción del Gasto Federal que se destina a esta actividad resulta ser un tanto modesta; sin embargo, los beneficios y resultados han sido más que provechosos.
Hace apenas unos días se celebraron 50 años de que la extinta Unión Soviética pusiera en órbita el primer satélite artificial, SPUTNIK I. Este hecho marco un parteaguas en el avance de la ciencia y la tecnología, dando con ello origen a lo que ahora conocemos como economía aeroespacial.
La economía aeroespacial no significa, necesariamente, la utilización de recursos para el lanzamiento de naves espaciales que realicen investigación interplanetaria. Es mucho más que eso. Es la conjugación del esfuerzo de múltiples agentes públicos y privados cuyo trabajo ha derivado en una gran cantidad de satisfactores que hoy en día nos pueden parecer perfectamente cotidianos.
Pongamos algunos ejemplos. Cada mañana usted se levanta y una de las primeras acciones que realiza es prender un radio o un televisor, tal vez de cristal líquido. Escucha el estado del tiempo y ve imágenes vía satélite de las condiciones meteorológicas. Sale de casa y hace uso de su teléfono celular. Sube a su auto que cuenta con un sistema de encendido electrónico y conecta un GPS para ubicar la ruta más eficiente para su primera cita de la mañana. Tal vez firme su cuenta en el restaurante donde tomó su desayuno con un bolígrafo y el cajero utiliza una computadora personal para registrar sus consumos (computadora que por cierto tiene mayor capacidad de memoria que la primera que se utilizó para un vuelo espacial). Hasta el momento, todo lo que hemos relatado tiene que ver con el desarrollo de la tecnología aeroespacial. La imagen vía satélite, las telecomunicaciones, el GPS, la red y hasta el bolígrafo fueron desarrollos potenciados por esta industria.
Mucha gente considera que las agencias espaciales constituyen un desperdicio de recursos o una gran vanidad, habiendo tantas necesidades básicas que atender en el mundo. Lo cierto es que los recursos que se destinan a esta actividad son en realidad un tanto modestos. Se calcula que anualmente, el total de países pertenecientes a la OCDE invierten entre el 0.38% y el 0.57% de su PIB total en esta tecnología, pero sus resultados han sido más que provechosos. Las investigaciones en este campo no solamente han servido para incrementar la productividad, sino para tener una mayor cantidad de satisfactores y sobre todo, para gozar de mayor seguridad como ser humano.
Es grato saber que este mismo año nuestra Máxima Casa de Estudios podrá poner en órbita el UNAMSat III, satélite cuya misión es proveer información para establecer un sistema de detección y predicción de terremotos en México, monitoreando los precursores sísmicos entre las placas tectónicas. ¿Acaso usted piensa que esto no sería útil?
En el espacio no hay fronteras y para avanzar en el conocimiento lo que más se necesita es imaginación.
CISComentario D.R. es una publicación semanal de Consultores Internacionales, S. C.
Lic. Julio A. Millán B., Presidente, Ing. Mauricio Millán C., Vicepresidente. Se autoriza la reproducción total y/o parcial de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.
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