Asociaciones y organismos públicos reclaman que se persiga con más eficacia un fénomeno que se extiende por Internet: cientos de páginas web que hacen apología de dos terribles enfermedades, la anorexia y la bulimia, y que siguen enganchando a jóvenes.
Eres Ana o Mia? Ésta es una de las
preguntas más frecuentes en los chats y foros en los que adolescentes,
y cada vez más frecuentemente niños y personas de mediana edad,
intercambian perjudiciales consejos para lograr su máximo objetivo:
bajar de peso. "Ana" y "Mia", son las dos palabras clave con las que se
conoce en Internet a dos terribles enfermedades, la anorexia y la
bulimia, las cuales se están propagando por la red como si de un virus
se tratase. Ya ha saltado la alarma en varios países, incluido España,
en torno a este fenómeno que persiguen varias asociaciones y que se ha
incrementado en los últimos meses. Una simple búsqueda en Internet
tecleando "pro-ana" o "pro-mia" arroja estremecedores resultados. Ante
los ojos aparece un mundo paralelo creado a base de páginas con
consejos, trucos y frases de apoyo, ilustrados con
fotografías y vídeos de populares modelos y actrices conocidas por su
extrema delgadez, o, en el peor de los casos, de los mismos cuerpos
desnutridos de aquellas que crean los blogs en la red. Cientos, miles
de mensajes de chicas desesperadas por adelgazar, que se ven
"asquerosamente gordas" y que harían lo que fuera por perder esos kilos
de menos que ya no les sobran. "Usa ropa grande para que no noten la
pérdida de peso. Di en tu casa que ya comiste en el colegio o en la
universidad y viceversa para engañarles. Trata de comer en tu cuarto y
meter la comida en una bolsa para tirarla luego a la basura. Cuando
tengas mucha hambre ponte una bolsa con agua caliente en el estómago",
son algunos de sus consejos.
Estas aberraciones salen de los teclados de los propios jóvenes, chicas
en su mayoría, que sufren estas enfermedades y que han encontrado en
Internet el aliado perfecto para esconder su problema a padres y
médicos, reforzar su estado y compartir sus experiencias y sentimientos
con otros. Entre ellas se llaman "princesas": "ser perfectas, ser
princesas" o "nadie dijo que fuera fácil ser una princesa" son dos de
los lemas preferidos de esa "thinspiration" ("inspiración delgada") que
las obsesiona. Naturalmente, lo único que consiguen es enfermar y
algunas, las más desafortunadas, terminan por no contarlo. Y mientras,
gracias a la privacidad que permite Internet, padres, hermanos y amigos
desconocen por completo el triste y peligroso mundo en el que cada día
se sumergen estas personas al sentarse frente al ordenador.
Un problema que crece
Según datos del Ministerio de
Sanidad, las personas que se conectan a Internet para ver este tipo de
páginas son chicas en un 95 % de los casos, y menores de edad en un 75
%. El 70 % de ellas se encuentran en la fase inicial del trastorno y se
calcula que el 23 % de las internautas que ya han desarrollado la
enfermedad lidera los chats. Este fenómeno no es nuevo, los sitios
"pro-ana" y "pro-mia" existen desde hace varios años ya, el problema es
que en estos momentos el fenómeno está en auge: existen muchas más webs
y es más fácil acceder a ellas.
Santiago Ramentol, presidente de la Agencia de Calidad de Internet
(IQUA), un organismo público que trabaja desde el año 2002 por la
mejora de los contenidos en la red, explica que advirtieron la
existencia de estas páginas hace tres años, prácticamente por
casualidad. Hasta ahora, esta asociación ha intervenido en el cierre de
aproximadamente una decena de portales. Ramentol subraya su papel de
denuncia dentro del proceso, puesto que la asociación no tiene
competencia para cerrar las páginas. "Si encontramos algun espacio de
este tipo o recibimos una queja particular, trasladamos la denuncia a
un juez, que es quien tiene el poder de decidir su cierre". En la
búsqueda de estos perjudiciales contenidos, la IQUA no está sola sino
que mantiene una estrecha colaboración con la Policía Nacional. "Ellos
son quienes rastrean Internet y acceden a los sitios web para
investigar sus contenidos y
autores".
A pesar de todos sus esfuerzos, Ramentol explica que la erradicación de
estos portales es muy complicada puesto que, en muchas ocasiones,
"estas páginas se esconden como espacios de belleza, además de que es
muy complicado saber su autor. De hecho, aún no está muy claro quien
abre las webs. Se sabe que los blogs personales suelen estar creados
por los propios enfermos, pero creemos que otros portales han sido
construidos por empresas con intereses en que se sigan sus consejos y
se compren sus productos".
Ramentol revela que al principio había más páginas españolas pero que,
cuando comenzaron las denuncias, sus usuarios se trasladaron a otras
webs originarias de varios puntos del planeta como Estados Unidos,
Tailandia o Sudamérica. Queda patente así que este hecho no es aislado,
sino que se trata de un problema que, como la misma red, se extiende
por gran parte del mundo. En Sudamérica, por ejemplo, esta situación ha
evolucionado rápidamente; de hecho, la mayor parte de los blogs han
sido creados por personas de allí. "Nos encontramos ante una paradoja:
si controlamos Internet, vamos contra su esencia, pero si no lo
hacemos, la red se convierte en el lugar idóneo para realizar todo tipo
de prácticas gracias al vacío legal imperante. La solución pasa por la
alfabetización de los padres sobre el uso adecuado que deben hacer los
niños de Internet".
Para Carmen Galindo, presidenta de la Federación Española de
Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia y socia
fundadora de Arbada, asociación aragonesa con el mismo fin, "estas
comunidades virtuales son la evolución del mismo problema de siempre
trasladado a nuestros días. Existen muchísimas páginas y se están
censurando gran cantidad, pero cada vez que se cierra una, abren otra".
Galindo advierte del peligro de estas webs como agravante para los
enfermos. No obstante, explica que, para que estas páginas afecten a
una persona, ésta tiene que tener una predisposición a caer en la
enfermedad. "Hemos perdido el norte. Ahora hay más información sobre la
enfermedad pero los casos no disminuyen", explica Galindo. "La
responsabilidad en este problema es de todos, algunos porque lo deben
denunciar y otros porque lo deben censurar", concluye.
Fuente: www.heraldo.es
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